¿Alguien recuerda el nombre del león que sirvió como mascota del Mundial de Alemania 2006? Era alto, tenía cara de gil, melenudo como el cliché del rey de la selva, pero para mí era una copia pifiada de Abelardo de Plaza Sésamo, claro en un tono amarillo más quemado. Por más que lo intento no recuerdo su nombre. Menos recordaré el de los tres ¿”fantasmas”? ¿”Almas”? ¿”Poderes”? (vaya uno a saber que eran) que sirvieron como trilogía de mascotas en Japón y Corea en 2002. Ahora que lo pienso bien lo capto: ¡SI ERAN ALMAS!, seguro las escogieron porque, como todos sabemos los japoneses no tiene alma, entonces con ellos los orientales tuvieran una ilusión de llenar ese vacío de sus cuerpos amarillos de ojos rasgados. Ese fue un Mundial montado desde el marketing, donde los japonesitos llenaban estadios así no tuvieran puñetera idea de qué era un fuera de lugar.
Con este Mundial de Sudáfrica estamos viviendo la copa de las Vuvuzelas. Zakumi, como se llama el leopardo conocido únicamente por su lámina que aparece en el álbum de Panini, no existe al lado de las ruidosas cornetas. Las Vuvuzelas (que palabra tan sabrosa de repetir) son desesperantes, inclementes con los oídos, tanto que hasta los turistas ya andan con algodones en las orejas para evitar la sordera. Suenan por todo lado y la raza negra, esa heredera del gran legado de Mandela, demuestra que es más fuerte, principalmente por sus pulmones. De algo estoy seguro: los jugadores que hablan pasito, como Messi, esos que no gritan con rabia para pedir un pase, sufrirán. Sus tibios gemidos no serán escuchados cuando estén libres para recibir un pase que los pueda catapultar hasta la raya final del adversario, menos cuando estén solos frente al arco, ni cuando le pidan al utilero una bolsa con agua. Las Vuvuzelas harán su fastidioso trabajo y no se escuchará nada dentro del terreno.
Otra de las palabras que amo repetir es ‘bafana bafana’, como se autodenominan los alegres seguidores de la selección local. El apartheid todavía se vive en Sudáfrica: el fútbol es de los negros, del pueblo, esos que van a los partidos para bailar, gritar, pero para entender poco de la muchas veces mezquina rigidez táctica, lo de ellos es la alegría; el cricket junto al rugby son los deportes de los blancos, esos que mandaron por tantos años en tierra negra y que hoy reúnen la mayoría de la riqueza. Con el Mundial los bafana bafana, los negros en su mayoría, son los que mandan a punta de buena energía en las calles, tanto que hasta los blancos se han asomado y han comprado boletas para uno que otro partido. Este es un Mundial con corazón, se siente la alegría por montones y los bafana bafana son los culpables.
Hay una frase que no da la mitad de placer repetirla como con “bafana bafana” o “vuvuzelas”: “waka waka”. Cada vez que escucho la canción de K´naan, Waving Flag, que sirve como comercial de Coca Cola, siento bastante vergüenza con los africanos y su Mundial, ellos quisieran que uno de los suyos, como K’naan, cantara el himno de su Copa. Sudáfrica 2010 no es un torneo de hinchas cualquiera, sino de africanos que saltan con sus desesperantes cornetas felices gritando una frase que nos quedará para siempre en la cabeza a los amantes del fútbol, “bafana bafana”.
PSDT: Recomiendo la música de K’naan, me ha sorprendido. No es solo un éxito movido por el mercadeo alrededor del Mundial. Sus letras hablan siempre de sus raíces africanas. Vive en Canadá y representa con su música siempre alegre las ganas de quitarse de encima la opresión histórica que ha sufrido África.
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